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Uso de pantallas: ¿cómo abordar el tema con niños y adolescentes?

22 de enero de 2019

En Agenda Calidad conversamos con Patricio Cabello, doctor en Psicología Social de la Universidad Complutense de Madrid, sobre la manera de potenciar los beneficios y controlar los riesgos del uso de la tecnología.

Según los datos entregados por la prueba PISA 2015, un 82% de los estudiantes chilenos de 15 años utiliza un teléfono inteligente con acceso a internet. El mayor acceso y uso de tecnologías en escolares, junto a sus riesgos y beneficios, fue el tema del programa radial de esta semana. La posibilidad de potenciar los aprendizajes a través de las pantallas y cómo mediar de forma efectiva en la exposición a ellas, particularmente en momentos como las vacaciones, cuando existe más tiempo libre que dedicarles, por parte de niños y adolescentes, y menores posibilidades de supervisión, por parte de los adultos, fueron algunas de las temáticas conversadas.

Al igual que en otros aspectos de la vida diaria, “se puede hacer un uso saludable de las tecnologías digitales en el campo de la educación, pero más que un uso, hay una presencia de ellas que es absolutamente inevitable. Están instaladas en nuestra interacción, en nuestro trabajo, en nuestra forma de aprender” indica Patricio Cabello.

Ante esto, una de las preocupaciones que aparece tiene que ver con la cantidad de horas que niños y jóvenes pasan frente a la pantalla del celular u otros equipos, en detrimento de otras actividades.

De acuerdo al académico, en los distintos estudios se considera que cinco o más horas diarias de uso de equipos como computadores y celulares son excesivas, sin embargo, más que un aumento en la exposición, se observan cambios en la forma en que el tiempo se reparte y que antes estaba concentrado en la televisión. “Si uno cuenta las horas de exposición antes de que aparecieran estos dispositivos, se percata de que había una cantidad de horas de pantalla que ya estaba instalada, lo que ha pasado es que ahora están distribuidas entre otros dispositivos”. Acá aparece el rol que juegan los padres en la forma en que se desarrolla esta relación.

Cabello plantea que existen básicamente tres tipos de mediación, entendiendo esta como la forma en que los padres regulan la utilización de las tecnologías. “Una mediación técnica, que tiene que ver con el bloqueo o seguimiento de la navegación o el consumo de medios digitales; la que ha resultado estéril para evitar los riesgos. También está la mediación restrictiva, que tiene que ver con la hora en que se puede usar el dispositivo y qué contenidos se pueden ver; esta se basa en las mismas reglas que ponen los padres para ver televisión en términos de tiempo y contenidos.”

Mediación activa

“La tercera alternativa es la mediación activa de los padres y de la escuela. Esta mediación a nosotros nos ha demostrado ser la que abre más oportunidades de uso y obtención de beneficios de la tecnología, y es la que parece tener un efecto dinámico más importante sobre los riesgos. En otras palabras, ponerles más restricciones a los niños no necesariamente los lleva al consumo saludable que queremos, porque es muy fácil eludir las normas parentales”.

Este tipo de mediación pasa por generar espacios de conversación o acompañar en el uso de las tecnologías. “Hemos visto que tiene una asociación bastante alta con la comunicación familiar. Con lo que nos encontramos es con un niño que, mientras más desprotegido está en internet, también está más desprotegido en otros espacios; está más solo, tiene menos comunicación familiar, menores ofertas o posibilidades de consumo cultural, por ejemplo”, plantea el especialista.

Por su parte, Carlos Henríquez, Secretario Ejecutivo de la Agencia de Calidad de la Educación, indica la necesidad de poner este tema sobre la mesa. “La tecnología genera una oportunidad de aprendizaje, pero si no hay un sentido pedagógico en la sala de clases, finalmente se transforma en un distractor más que en un apoyo”, concluye.

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