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Preservando la lengua aymara y las danzas andinas

27 de junio de 2018

Parte del sello de la Escuela F-62 de Camiña ha sido instalar la interculturalidad en sus procesos de enseñanza. La integración de la lengua aymara en diversas asignaturas y el aprendizaje de bailes típicos gracias a la creación de un grupo folclórico, ha permitido a los estudiantes conocer y vivir su cultura y tradiciones.

A 209 kilómetros al noreste de Iquique se ubica la Escuela General Básica F-62 de Camiña. En medio de un valle denominado por los nortinos como “el paraíso terrenal”, día a día en sus aulas se promueven acciones para preservar la lengua aymara y las danzas andinas. Su sello es precisamente la interculturalidad, sin dejar de lado la calidad de sus aprendizajes.

Con más de 70 años de trayectoria e insertos en una comuna rural, hace 30 surgió el grupo folclórico Biljagua con el objetivo de estimular los aprendizajes y el desarrollo integral de sus estudiantes. La agrupación ha contribuido a que los niños conozcan y se apropien de la lengua, historias, leyendas y bailes típicos del altiplano de la Región de Tarapacá.

Pedro Valle, director del establecimiento y profesor de la agrupación comenta que “desde antes que surgiera el boom de la interculturalidad nosotros trabajábamos con los aspectos culturales de la comuna, incorporándolos a nuestras asignaturas para que los niños afiancen su identidad. Antes funcionaba como grupo extraescolar, de manera voluntaria, hoy los estudiantes lo piden”.

Educación con cultura aymara

La matrícula actual de la escuela es de 104 estudiantes. El plantel lo conforman diez profesores y dos asistentes. “Gran parte de nuestros escolares son herederos de la cultura aymara, por lo tanto, consideramos aspectos de su cultura en nuestras asignaturas, por ejemplo en Lenguaje. Cuando tienen que comprender textos escolares nosotros les acercamos a los niños leyendas de la zona norte donde se habla del cóndor, de la llama y del zorro, que son significativas y de su entorno”, afirma Valle.

Las danzas andinas ocupan un lugar muy importante en la vida de esta comunidad educativa. En el grupo folclórico participan niños de todos los niveles (desde kínder hasta 8° año básico), quienes al menos dos horas a la semana se dedican a aprender bailes típicos del norte. La cueca nortina, el cachimbo, el huayno, el sambo caporal, tobas, morenadas y kallahuaya, son algunas de las expresiones artísticas que los estudiantes integran a su diario vivir en la escuela.

El grupo folclórico ha participado en diversos concursos de cueca y presentaciones en otras comunas de la región. También han mostrado su arte con sus coloridos trajes en otras ciudades del país, entre ellas Chillán, Coelemu y Santiago, y esperan seguir recorriendo el país.

Los niños se han apropiado de sus danzas, y a través de ellas, también dramatizan leyendas y rituales. El año pasado, como homenaje al Centenario de Violeta Parra, protagonizaron una gala en que dramatizaron su canción “El Guillatún”.

El grupo folclórico genera gran motivación y alegría en los estudiantes. Krishna Challapa, integrante de Biljagua, cursa 7° básico y cuenta que “me gustan las vestimentas típicas y los bailes andinos, son divertidos y bonitos. Y nos permite también compartir con otros niños”. Testimonio que coincide con el de la estudiante Jacqueline Rodríguez: “A mí me gusta participar en el taller de folclor ya que aprendemos hartas cosas que van más allá del baile como por ejemplo geografía. A través de las danzas vamos expresando y demostrando el talento que cada uno de nosotros tiene”.

La escuela como motor de crecimiento

Mabel Bustos, directora de la Macrozona Norte de la Agencia de Calidad de la Educación, explica que actividades como las que realiza la Escuela Básica F-62 de Camiña también son parte de una educación integral de calidad.

“Se evidencia que la escuela es el motor de desarrollo y crecimiento para todos los niños y niñas. Si bien el aprendizaje cognitivo es un elemento importante, esta escuela demuestra que el trabajo que rescata su contexto, su cultura, su identidad de una manera lúdica y natural para la comunidad, permite efectivamente un aprendizaje significativo que favorece también tener mejores resultados educativos”, indicó.