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Mejorar la convivencia escolar es trabajo de todos

25 de abril de 2018

En el marco del Día de la Convivencia Escolar, conversamos en Agenda Calidadprograma radial de la Agencia–  con David Huepe, Doctor en Psicología y director del Centro de Neurociencia Social y Cognitiva (CSCN) de la Escuela de Psicología de la Universidad Adolfo Ibáñez acerca de qué significa para los estudiantes convivir en un clima sano dentro de la escuela y cómo esto afecta en su proceso de aprendizaje.

Para el especialista, tanto los establecimientos educacionales como la familia tienen un rol importante en el fortalecimiento de una buena convivencia escolar y aseguró que convivir a diario dentro de un espacio amable y cercano es fundamental no solo para un buen desarrollo de los aprendizajes, sino también para potenciar una buena autoestima, mejores relaciones interpersonales y un mejor rendimiento académico.

Tras finalizar este capítulo de Agenda Calidad, conversamos con Huepe y le consultamos sobre la relevancia de trabajar la convivencia escolar en los establecimientos educacionales.

– David, ¿cuál es la importancia que, a tu juicio, se le da hoy a la convivencia escolar en nuestro país?

Actualmente la convivencia escolar se ha posicionado como uno de los grandes temas en el mundo educativo. Prácticamente todos los actores sociales en torno a la educación se han puesto de acuerdo en afirmar que la manera de garantizar un desarrollo educativo sustentable y formar personas con altos estándares en valores sociales, pasa por contar con un buen ambiente escolar. Hoy, por ejemplo, el Ministerio de Educación le ha otorgado un espacio importante a este tópico dentro de los lineamientos en materia de políticas públicas.

– ¿De qué manera favorece al estudiante convivir a diario en un espacio de sano clima escolar?

La evidencia científica sobre enseñanza ha demostrado que uno de los factores que favorecen buenos aprendizajes en el aula dice relación con contar con climas escolares adecuados y una convivencia sana entre estudiantes, profesores, apoyos docentes y directivos. En particular, conductas pro sociales y empáticas entre compañeros promueven aprendizajes colectivos, lo que, a su vez, mejora las capacidades atencionales y psicoafectivas.

Estudios basados en Neurociencias y cognición han demostrado, además, que la motivación, los estados afectivos positivos y los ambientes enriquecidos (en este caso, por ejemplo, una buena convivencia), estimulan la generación de mayores conexiones neuronales y, por lo tanto, mayor aprendizaje.

– Si tuvieras que entregar tres consejos para mejorar la convivencia escolar en los colegios, ¿cuáles serían?

En primer lugar, poner atención en la manera en que los estudiantes interactúan entre sí. Es importante observar cómo ellos se relacionan, si se apoyan mutuamente o si más bien tienen estilos individuales al enfrentar la cotidianidad. En el caso de los más pequeños, qué tipo de juegos realizan y de qué manera integran o aíslan a otros.  Una vez detectados estilos o patrones se deben generar espacios de conversación, reflexión o didácticas que busquen mejorar capacidades empáticas hacia otros e integrar perspectivas y puntos de vista diferentes al propio.

En segundo lugar, atender y considerar las diferencias intrínsecas entre los estudiantes, diferencias culturales, étnicas, psicológicas y valóricas. Buscar, posteriormente, espacios de integración y socialización para hacer comprender que las diferencias son justamente una de las propiedades naturales de cualquier grupo humano y que se debe aprender a convivir con ellas.

Finalmente, y quizás uno de los aspectos más importantes, es preguntarle directamente al estudiante qué piensa, qué siente y cómo ve, desde su experiencia, la convivencia con otros, y de qué manera puede ser partícipe para hacer de este contexto colectivo, mejor y más saludable.

– ¿Cuál es el rol de la familia en este tema? ¿De qué manera los padres y apoderados pueden contribuir en una buena convivencia escolar?

El rol de la familia es fundamental, pues debe modelar la forma en que los niños, niñas y jóvenes interactúan y se relacionan con los demás. Padres, madres y la familia en general deben promover en el niño y en el adolescente la toma de perspectiva y la mentalización, esto es, comprender y entender cómo otros se sienten frente a nuestras acciones y cómo nos sentiríamos nosotros si ese tipo de trato nos los dieran a nosotros. En este aspecto se debe promover la empatía y la conducta moral (distinguir lo bueno y lo perjudicial para otros).

Cada instancia cotidiana del colegio puede ser una buena oportunidad para conversar sobre las maneras en que habría sido mejor abordar algún tipo de situación ocurrida. Por ejemplo, a la hora de la comida familiar, o cuando la mayor parte de la familia se reúne es un buen momento para hablar de lo que sucedió en el colegio y no necesariamente lo que a ellos les sucedió, ¿cómo lo viste?, ¿qué habrías hecho tú?, ¿cómo crees que se sintió el otro?, ¿cómo prevenir este tipo de situaciones?

Puedes escuchar el programa completo haciendo clic AQUÍ.