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Los desafíos para la nueva educación rural

7 de abril de 2018

El 7 de abril se conmemora el día de la educación rural, en homenaje al natalicio de Gabriela Mistral. Algunas de estas escuelas hoy obtienen importantes resultados de aprendizaje y buena parte de ellas cumplen un importante rol de conexión con la comunidad.

Una escuela en Camiña enseña tradiciones folclóricas de la cultura aymara; en San Nicolás un liceo rural dicta cátedra en innovación; en Los Ríos, la escuela rural Pitriuco promueve la enseñanza de la lengua mapuzungun: en Poñén sus autoridades han celebrado los importantes resultados educativos que obtienen; y en la región de Los Lagos conmemoraron el centenario de la escuela rural La Chamiza de Puerto Montt. Son las diversas historias de escuelas rurales que celebran su día, enfrentando nuevos desafíos.

En 2017 los colegios rurales de Chile correspondieron al 30 % y educaron a 271.779 estudiantes. Según datos del Ministerio de Educación, de los 3.524 establecimientos rurales, el 51,8 % corresponde a las denominadas escuelas multigrado (entre 1 y 10 estudiantes con varios cursos en una sala), mientras que el 8,5 % de ellas tiene más de 50 estudiantes. El 21,2 % tiene entre 11 y 20 estudiantes y el 18,5 % entre 21 y 50 alumnos.

Los establecimientos educacionales rurales tienen diversas particularidades. Esto constituye un reto profesional para los profesores que trabajan en estas escuelas, pues a la diversidad de estilos de aprendizaje, presente en toda aula, deben responder a la diversidad geográfica pero también a las inquietudes de los otros miembros de la comunidad, especialmente a aquellas vinculadas al ejercicio de la ciudadanía, a las demandas de información sectorial, entre otras, las que puedan constituirse en soportes para el desarrollo.

En ese sentido, hoy el profesor rural ejerce un liderazgo que le permite no solo ser la persona que lleva el conocimiento a los estudiantes, sino también quien articula y facilita el acceso de nuevos recursos para sus comunidades.

“La escuela rural es la que le da vida a los sectores”

 Juan Carlos Durán es el director y profesor de la Escuela Básica Poñén, municipal y unidocente que en los últimos años ha tenido importantes resultados en las pruebas Simce. Ubicada en la comuna de Florida, con el centro urbano más cerca a unos 20 kilómetros, esta escuela atiende a ocho estudiantes.

“Hoy tengo tres estudiantes en 1° básico; un alumno en 2° básico; dos en 5° básico y dos en 6° básico”, cuenta Durán.

¿Cuál es el rol que hoy tienen las escuelas rurales?

Acá en nuestro sector es esencial. Nosotros estamos al lado de la junta de vecinos, por lo tanto, toda la comunidad gira en torno a la escuela. Acá todos nos apoyamos, por ejemplo, la junta de vecinos nos coopera, lo mismo el club de adultos mayores que también trabaja junto a nosotros. Hoy por ejemplo, está funcionando un taller de moda y manualidades. La escuela rural es la que le da vida a los sectores y los niños son el centro de ello.

¿Cuáles son los desafíos que enfrenta la educación rural?

Hace 35 años, cuando yo partí haciendo clases, la única expectativa que tenían nuestros estudiantes era llegar a 6° básico. Hoy tienen las mismas expectativas que tiene cualquier niño de una escuela urbana o particular. Tanto es así que tengo exalumnos que están estudiando en la universidad. Hoy nuestra mirada es hacia allá.

¿Cuáles son las ventajas de un estudiante en una escuela rural?

Creo que lo primero es el entorno, los árboles, la naturaleza, nos da una tranquilidad para poder trabajar. Por ejemplo, tomamos nuestros libros y vamos al río a leer, salimos a hacer recorridos. El ambiente es especial para los niños.

¿Cómo han logrado obtener buenos resultados académicos?

Llevo cinco años trabajando en esta escuela. Y el trabajo que he hecho es un trabajo personalizado con cada estudiante, donde también importa mucho la parte humana, los afectos y cómo hacer que reciban una educación integral.

Tenemos un contacto cercano no solo con los niños, también con los apoderados y tratamos de desarrollar actividades que sean novedosas para los estudiantes.

En el ámbito de los aprendizajes nosotros abordamos el currículo tradicional, donde trabajamos con los módulos rurales que el Ministerio nos entrega, más herramientas que tenemos como la Biblioteca CRA.

Uno de los desafíos de las escuelas unidocentes es trabajar conjuntamente con estudiantes de distintos cursos y con diferentes aprendizajes ¿Cómo responde a las individualidades de aprendizaje de sus estudiantes?

Tener pocos alumnos es una gran ventaja, en el sentido de que puedo dar una enseñanza personalizada. Además tengo la ventaja de conocerlos, de conocer qué pasa en sus familias. Yo sé cuánto puede cada estudiante, cuál es su rendimiento, también sé cuándo vienen con algún problema.

La diferencia de por qué nos va bien es porque planteamos actividades desafiantes. Salimos a conocer, hemos viajado en avión a Santiago, conocemos Valparaíso. El acercar los lugares que parecen tan lejanos para ellos es un desafío y saben que su meta está en la universidad, en la educación.