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La escuela que educa para la felicidad

20 de marzo de 2019

En la conmemoración del Día Internacional de la Felicidad, conocimos la historia de la escuela Manuel Rodríguez de San Felipe, establecimiento educacional que, a pesar de estar inserto en un contexto adverso, ha trabajado y promovido la “filosofía de la felicidad” entre todos los miembros de la comunidad educativa. Esto les ha permitido obtener grandes logros y, lo más importante, que sus estudiantes se sientan felices.

Llegó hace 5 años a dirigir una escuela con un 94 % de vulnerabilidad, bajos resultados académicos y estigmatizada por el contexto social donde se emplaza (barrio sur de la ciudad de San Felipe, Región de Valparaíso). Nada de esto fue un impedimento para que Cristián González, director de la denominada Escuela de la Felicidad, impulsara un proyecto educativo cuya finalidad es que estudiantes, profesores y directivos sean felices y alcancen el bienestar.

Con una matrícula de 104 alumnos, de prekinder a 8° básico, González empezó a desarrollar este proyecto inspirado en Bután, país asiático que cuenta con un Ministerio de la Felicidad y donde se mide el bienestar de los habitantes a través de un Índice Nacional de Felicidad, en vez del Producto Interno Bruto. En términos educacionales, Bután promueve la felicidad como un estilo de vida.

Hoy la escuela Manuel Rodríguez Erdoíza cuenta con importantes avances: salió de la Categoría de Desempeño Insuficiente; su trayectoria en el Simce ha ido al alza; y sus Indicadores de Desarrollo Personal y Social, sobre todo en Convivencia Escolar, alcanzan los más altos porcentajes de la comuna.

¿Cómo surge la Escuela de la Felicidad?

Cuando asumí el cargo de director, me di cuenta que no había un proyecto educativo, era una escuela un poco abandonada en lo físico y también en lo orgánico, no había identidad. A partir de ahí empezaron a surgir ideas y comencé a conocer el trabajo que se realiza en Bután en educación como, por ejemplo, la implementación de algunos ejes que nosotros replicamos: transparencia, buen uso de los recursos, preocupación por los asuntos personales de los miembros de la comunidad, identidad, entre otros.

La Escuela de la Felicidad nace porque teníamos que poner un sello, los nuestros son la felicidad y el desarrollo humano integral, a través de ellos rescatamos lo espiritual-personal, hoy trabajamos en operacionalizar la felicidad.

¿Cómo promovió y motivó a docentes y directivos para trabajar en torno a esta filosofía?

Los docentes no son personas que bajan de la estratósfera a hacer clases, son gente normal, que tienen que lidiar con los mismos problemas de cualquiera de nosotros, que se producen en todas las escuelas. Por ello es fundamental que estén bien, entonces el tema de la paciencia, de la capacidad de entender al otro, debe ser mutuo. Cuando nos planteamos el asunto de la felicidad, empezamos a preguntarnos qué elementos hacen felices a todos los miembros. Así surgió, por ejemplo, la situación de la seguridad: que los padres sepan que sus hijos están seguros; que los profes se sientan seguros; lograr que cada docente ocupe sus herramientas para que los estudiantes tengan buenas formas de resolver sus conflictos; que lo negativo se transforme en algo positivo, etc. Cambiar un poco la cultura escolar, promover el acercamiento, la conversación; nuestros profesores entendieron que hay otras formas -no solo las que entrega el currículum- y así la pedagogía se da sola.

¿Cómo se educa para que los niños sean felices?

Este es un proyecto comunitario, comprometido, con una mirada más atrevida de lo que es una escuela tradicional. Lo primero es entender que la escuela no tiene por qué ser una especie de encierro obligatorio donde se ejercen distintas situaciones de poder, sino un espacio compartido. Comandamos a un grupo de chicos y chicas que, en nuestro caso, vienen con bastantes problemas de carácter familiar y espiritual, por lo tanto, hay un alma fisurada en ellos; por eso nos abocamos al desarrollo personal de los estudiantes, los escuchamos y los contenemos.

En nuestro caso, la escuela tiene una parrilla cultural bien importante, trabajamos con organismos externos que implementan talleres artísticos. Nosotros liberamos los horarios de los estudiantes para que participen de estos talleres. También hemos trabajado el sello de la identidad a través de la interculturalidad, al igual que en Bután. Contamos con un educador intercultural para que nuestros niños comiencen a acercarse al mapudungún y a la cosmovisión de nuestros pueblos originarios. Los encaminamos para que desarrollen su estética personal, esas son algunas claves para que se sientan felices.

Conoce más de la Escuela de la Felicidad a continuación.