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El juego en vacaciones como estrategia de aprendizaje

15 de enero de 2019

En vacaciones de verano, la mayoría de los estudiantes dedica su tiempo libre a jugar; pero ¿es posible seguir aprendiendo en este periodo?, ¿los juegos de mesa y otras actividades lúdicas sirven para aprender? Estas fueron algunas de las preguntas planteadas en la pasada edición del programa radial de la Agencia, Agenda Calidad, que tuvo como invitado al director ejecutivo del Observatorio del Juego y director social de la Fundación Desarrollo Educativo, Daniel Barría.

¿Qué es lo que más te gusta hacer en vacaciones? Dormir, leer, jugar videojuegos, salir con la familia, escuchar música, ver el celular y jugar, fueron algunas de las respuestas a la mini encuesta realizada a un grupo de escolares, y que dio inicio a la conversación del programa Agenda Calidad sobre el rol del juego en los procesos de aprendizaje.

“Jugar implica socializar, respetar normas y al otro, esperar un turno, cooperar y compartir. El juego es un factor protector de las relaciones sociales y las profundiza; somos amigos y lo pasamos bien jugando juntos”, señala Daniel Barría, quien habla del Observatorio del Juego como un espacio donde se promueve el aprendizaje a través del juego. “Diseñamos una experiencia de aprendizaje positiva. En educación, el juego -en algunos contextos- es muy útil. Aunque algunos críticos dicen que el aprendizaje es algo serio, nosotros tenemos como premisa que jugar es algo serio”, acota.

Para el director social de la Fundación Desarrollo Educativo, cuando un papá o apoderado le pregunta a su hijo o hija qué hizo en el colegio y la respuesta es “nada, jugué todo el día”, este suele reaccionar de manera negativa. Esto se debe a hay que generar una conversación en esos hogares, pues jugar se asocia a perder el tiempo y no es así, ya que propicia el desarrollo y tiene muchos beneficios más.

El Observatorio del Juego facilita ludotecas a los colegios. Toda la fase de implementación va acompañada de un proceso de capacitación y diseño de un proyecto que se trabaja en conjunto con la escuela. “Al principio siempre costará, pero estamos haciendo seguimiento y acompañamiento. Muchas escuelas ocupan los recursos SEP para implementar su ludoteca; hay profesores que las utilizan para sus propias actividades y después para hacer sus clases, así esto les hace sentido; estaban esperando ansiosos hacer una clase distinta”, describe Barría, agregando que “como sostenedores de un colegio, partimos buscando una forma de hacer la asistencia a la escuela algo entretenido para los estudiantes. Los juegos tienen ese potencial y permitían a los profesores enganchar temas que les costaba más. Con el tiempo nos dimos cuenta de que había juegos que tenían propósitos escolares, vinculados a contenidos curriculares. Usamos el juego como un recurso, el concepto de “aprender jugando” estaba instalado, pero no había una metodología, una forma práctica de aplicarlo y de dar retroalimentación al docente y estudiante”.

Espacio para aburrirse

Y es también durante las vacaciones cuando se escuchan más frecuentemente frases como “estoy aburrido”. Para Carlos Henríquez, Secretario Ejecutivo de la Agencia de Calidad, “aburrirse no es malo, ya que permite un espacio para generar curiosidad y creatividad; no es necesario estar constantemente buscándoles panoramas a los niños, la estimulación es buena, pero no la sobrestimulación”, acota.

Daniel Barría complementa lo anterior refiriéndose a la importancia que tiene aburrirse: “a nivel neurológico y cognitivo, el aburrimiento va a gatillar distintos tipos de cosas, además se generan ciertos lapsos de descanso mental, que generan otro tipo de conexión, otro estado emocional que es relevante para que los niños y jóvenes puedan descubrir qué les gusta hacer”.

Henríquez finaliza comentando que la evidencia internacional señala que: “uno aprende haciendo, y eso nos cuesta mucho hoy en el colegio, nos quedamos en la transferencia del contenido más que en la experiencia de vivir el aprendizaje. Se aprende mucho más cuando se tiene la posibilidad de experimentar, de jugar, y eso no es un contrasentido con cumplir los objetivos pedagógicos”.

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