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Entrevista a Coby V. Meyers: “La virtud de la evaluación tiene que ver con la capacidad de detectar brechas de aprendizaje”

15 de noviembre de 2018

En el marco del seminario internacional “Buenas prácticas para el mejoramiento escolar. Liderando el cambio para una educación de calidad”, realizado por la Agencia y Líderes Educativos el pasado 5 de noviembre en Valparaíso, conversamos con Coby V. Meyers, académico de la Universidad de Virginia, Estados Unidos, quien expuso acerca de la importancia del liderazgo educativo y la implementación de un correcto plan de mejoramiento escolar.

En conversación con la Agencia de Calidad, Meyers (40), quien actualmente se desempeña como director de investigación en el  Darden/Curry Partnership for Leaders in Education (PLE) y como profesor asociado en educación en la  Curry School of Education en la University of Virginia, Estados Unidos, comentó que mientras se desempeñaba como profesor de Lenguaje en una escuela ubicada en los suburbios de la ciudad de Chicago, se dio cuenta de que su aporte podía ir más allá de lo que hacía diariamente en un lugar en el que, según relató, “había estudiantes con mucho apoyo tanto en el colegio como en sus casas”, algo muy distinto a lo que sucedía en sectores aledaños al establecimiento, donde la vulnerabilidad hacía difícil que esas escuelas avanzaran.

“Eso me llevó a volver a la universidad y estudiar liderazgo y políticas que tuvieran como foco esas escuelas que no lograban mejorar”, afirmó el experto, y desde entonces su labor ha consistido en relevar el liderazgo escolar y poner foco en cómo revertir trayectorias en establecimientos de desempeño bajo.

– ¿Cuáles son a su juicio los principales factores que impulsan la mejora escolar? 
Es muy difícil enfocarse solo en la mejora escolar, por eso el director es clave porque es quien toma las decisiones respecto de cómo organizar la labor de los profesores y de cómo van a ser los procesos instruccionales dentro del establecimiento. Pese a eso, el tema es mucho más amplio que el rol del director en una escuela, pues en realidad tiene que ver con el liderazgo del sistema en su conjunto. Entonces, es muy significativo que el sostenedor no solo esté preocupado de la administración y la rendición de cuentas, sino que también participe, sea un socio activo con el director, tal como se espera que el director sea un socio activo de los profesores.

– Entonces, ¿es el trabajo colaborativo una de las bases de la mejora?

Es relevante, después de todo, todos tienen las mismas metas y reman para el mismo lado. Sin embargo, no solo debemos hablar de trabajo colaborativo en ese sentido, sino que también puede tener relación con darle autonomía a las escuelas para que hagan su trabajo.

– Desde la política pública, ¿cómo priorizar el trabajo con las escuelas insuficientes para que avancen?

En primer lugar, el desafío tiene que ver con el programa de enseñanza, con cómo vemos el currículo y los estándares de calidad de este. En ausencia de un currículo claro es muy difícil que los profesores sepan qué hacer o que el director ejerza un buen liderazgo. Otro aspecto tiene que ver con el uso de datos, con el tener acceso a ellos, saber analizarlos y usarlos. La virtud de la evaluación tiene que ver con la capacidad que genera para detectar muy tempranamente las brechas de aprendizaje y así poder abordarlas de inmediato y no esperar hasta fin de año para darse cuenta de que en realidad los niños no aprendieron.

Por otro lado, es muy importante distinguir entre igualdad y equidad. La igualdad tiene que ver con darles a todos lo mismo, en cambio la equidad está relacionada con la capacidad para reconocer que a aquellos que necesitan más hay que darles más. Por lo tanto, el tema no es solo avanzar en igualdad sino también en equidad, diferenciando los recursos según la necesidad de los niños y su contexto.

– ¿Cómo define el rol del director en la actualidad?

Un director, primero, debe saber cuáles son las capacidades de su equipo y asociarlas a las tareas diarias. Lo segundo tiene que ver con pensar en la sucesión del liderazgo, es decir, en qué pasará en la escuela cuando un director cumpla su ciclo y en cómo asegurar que ese éxito se mantendrá. Muchas veces vemos colegios a los cuales les va muy bien y que tienen “súper directores”, pero que decaen cuando ese director deja el cargo. Esto pasa cuando el líder directivo no se preocupa de generar un sistema o cultura que pueda sobrevivir a su ausencia.

– Al hablar de planificación y su importancia en los procesos al interior de la escuela, ¿cómo hacemos que eso no se convierta en más carga burocrática?

He visto que en Estados Unidos los distritos (sostenedores) han sido efectivos en proteger el tiempo del director y la distribución de recursos para los colegios que más lo necesitan. Pienso que se requiere de una reconfiguración del trabajo de los sostenedores porque ahí es donde se produce redundancia. Entonces, lo que se ha hecho es contratar a una persona cuya única labor es acompañar a un grupo específico de colegios, algo así como un mentor; ellos trabajan junto con los directores y los ayudan a resolver los problemas que identifican. Estos mentores también tienen un rol mediador porque después deben manifestar al sostenedor sobre los desafíos que tienen esos colegios. La mayoría de las veces se trata de personas que ya fueron directores y que fueron exitosos en esos cargos.

– ¿Cómo valora el trabajo de la Agencia de Calidad?

Es emocionante ver que el trabajo de la Agencia se centra en ampliar la mirada de calidad y me parece muy importante además que se incluyan los aspectos socioemocionales y otros indicadores relacionados con el desarrollo de los estudiantes.

En Estados Unidos, cuando comenzamos a trabajar e intensificar el sistema de rendición de cuentas, no pusimos atención a los aspectos socioemocionales de los estudiantes y eso fue un gran problema. Fijar la mirada en estos aspectos es importante porque los niños necesitan pasar por estos procesos de auto-regulación emocional, antes incluso, de entrar en contacto con los otros aprendizajes.