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Enseñar matemáticas con identidad regional

24 de julio de 2019

Tarapacá en problemas matemáticos, es el nombre del libro creado por el profesor Andrés Rojas Ramos (29 años), con el que busca generar un aprendizaje entretenido de las matemáticas, vinculándolas a elementos representativos de la región de Tarapacá.

La idea surgió en el aula, en el año 2018, cuando el docente Andrés Rojas se desempeñaba en el colegio Santo Domingo Savio de Alto Hospicio, hoy trabaja en el Liceo Bicentenario Juan Pablo II. En esas salas, principalmente a partir de las preguntas que le hacían los alumnos y buscando motivarlos con los números e implementar métodos innovadores de enseñanza, comenzó esta iniciativa, que se centra en enseñar matemáticas a través de un viaje por los principales lugares, tradiciones y personajes de la región.

La construcción del libro “fue un trabajo colaborativo, los estudiantes (de segundo y cuarto medio) proponían problemas matemáticos asociándolos con algo típico de Tarapacá y los profesores de Historia, Lenguaje y Matemática del colegio los editaban. También pedí colaboración a un amigo periodista, Claudio Espinoza, y al ilustrador Paulo Oñate. El resultado fue mi primer libro”, señala el joven profesor, agregando que “nunca pensé que tendría tanto revuelo”. Este tal vez se debe a que, como dice el mismo Andrés “muchas veces (los estudiantes) ven las matemáticas como algo lejano y con esta iniciativa se pueden conectar con su cotidianidad”.

¿Cómo trabaja la motivación de los estudiantes en la enseñanza de las matemáticas?

Yo siempre sentí que las matemáticas no son como la gente las concibe: piensan que son solo números o que son fomes. Siempre trato de buscar formas de acercarlas a los estudiantes, que sean tangibles. He leído sobre la etnomatemática, que consiste en la matemática cultural y es algo que me interesa mucho, en mi caso podría enseñar matemática y vincularla con el pueblo aymara.

¿Cómo innova en la sala de clases?

Cuando llegué al colegio lo primero que hice fue usar una tablet. Proyectaba mi iPad en la pizarra y allí hacía las clases. Después bajé una aplicación que grababa videos y los subía a un Facebook utilizado por un grupo de estudiantes de octavo básico y primero medio. Los niños me pedían los videos, me di cuenta que los veían.

Comencé a usar varias tecnologías de la información, incluso una que cuando los niños levantaban la voz en la sala, sonaba una alarma de silencio. También se me ocurrió hacer un experimento con Centroamérica y contactarme con una escuela de El Salvador que había medido la Tierra. Así que en una clase desafié a los niños a que también la midiéramos, y después nos contactamos a través de Facebook con esa escuela y también con la Sociedad de Astronomía de ese país, y empezamos a hacer un seguimiento, fue una práctica innovadora.

¿Cuáles son a su juicio algunas claves para incentivar el interés por las matemáticas?

Hay que darle un valor social a la Matemática, que deje de ser “la clase” sino que pase a ser algo integrativo, para eso hay que articularla con otras asignaturas, como por ejemplo con Inglés, haciendo que los estudiantes hagan problemas y los traduzcan. Hay una resignificación del aprendizaje, porque el niño no solamente ve el desafío de números sino que está aprendiendo un idioma, Matemática, Historia o Educación Física. Lo segundo importante es la autoexpectativa que tienen los estudiantes sobre los números. Las matemáticas son para todos.

¿Qué significa para usted este libro?

Fue muy bonito compartir y colaborar, es lo que más me gustó de todo el trabajo. Al final del libro puse algo para que el lector se inspirara: “Escribe tu propio problema”, en rigor, invitando a una próxima edición. Realizamos el lanzamiento en el colegio, con 400 copias impresas y le regalamos los libros a los niños, padres, apoderados, los propios estudiantes firmaron sus libros, fue emocionante. Mucha gente no tiene esa posibilidad y creo que es muy potente que en un colegio, un grupo de profesores, un ilustrador y un periodista, se hayan reunido a trabajar colaborativamente para que esto ocurriera.

Hoy estoy en proceso de buscar apoyo para una segunda edición. Ahora quiero abrir el libro para que niños y adultos puedan enviar sus problemas. Abrirlo desde la escuela hacia la comunidad.

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