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Educación Ambiental: un anhelo llevado a la práctica

25 de enero de 2019

El 26 de enero se conmemora un nuevo Día Mundial de la Educación Ambiental. Se trata de una fecha que viene siendo destacada en el calendario por varios países -desde la década de los 70-, cuando en Estocolmo se definió por primera vez el concepto. En Chile, la Escuela Estado de Florida de la comuna de Pudahuel, es un ejemplo de cómo implementar y crear conciencia ambiental en los estudiantes.

Entre los objetivos de la educación ambiental está difundir valores sociales que contribuyan al interés por el cuidado del medioambiente.  Para muchos expertos este tipo de educación es un punto de encuentro de muchas formas que harían posible cuidar el ecosistema, de hecho, hay más de 1.200 establecimientos educacionales en el país que ya se han certificado en relación a este tema. Al mismo tiempo, 6 de cada 10 personas percibe que es precisamente en las escuelas donde se realiza el mejor esfuerzo para cuidar el medioambiente (62,8 %, según la Encuesta Nacional de Medio Ambiente, 2017).

En este contexto, la Agencia de Calidad de la Educación concibe la educación medioambiental como aporte a una mirada amplia respecto de la calidad, y asume el desafío de promover en los establecimientos su aprendizaje mediante una enseñanza transversal en el aula.

Lo que pasa en las escuelas y liceos

En varios establecimientos del país ya se están desarrollando distintas maneras de educar, promover y crear conciencia sobre el cuidado del medioambiente. Ese es el caso del modelo que promueve Kyklos, una empresa B, que desde 2013 implementa programas sustentables: ya suma 104 escuelas, liceos y colegios, en cuatro regiones del país. Se trata de trabajar junto a las comunidades educativas realizando el ciclo completo del cuidado ambiental, desde la concientización, pasando por las acciones de reciclaje, la gestión, hasta llegar a la certificación de los residuos.

Las estrategias aplicadas son diversas, porque la idea es lograr que los aprendizajes impacten positivamente en las comunidades de manera integral: hay talleres y charlas para los estudiantes y sus apoderados, actividades deportivas o ecolimpíadas, planificación curricular con docentes y directivos, huertos verticales, lombricultura y formación ciudadana sobre el medioambiente, por mencionar algunas.

Por eso, para la Escuela Estado de Florida de Pudahuel, participar en este programa ha sido una experiencia muy enriquecedora, tal como cuenta su directora, Brasilia Campos, quien lleva más de diez años en el establecimiento y así ha visto los cambios: “Los niños aprendieron rápido a reciclar. Ellos colocaron sus propias bolsas, aprendieron a separar los desechos y eligen a sus representantes para el programa, por curso. Es una experiencia global”, recalca.

Esta escuela es parte de las actividades relacionadas con el medioambiente hace más de dos años y, según Campos, los apoderados se han integrado en forma permanente a la propuesta: “Acá vienen siempre a hacer charlas y a entregar folletos, y los padres y apoderados están presentes, participando junto a sus hijos”, dice.

Cuando se le consulta respecto de cuál ha sido el principal aporte del programa, no duda en decir que es el orden y la conciencia ecológica: “El hecho de que los estudiantes sepan dónde depositar cada tipo de residuo y que después quieran tener más plantas, o que se preocupen por comer comida saludable. Está todo ligado y es muy importante que se entienda así”, afirma orgullosa.