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Columna de opinión: Calidad en Educación Parvularia

La gran mayoría de los actores educativos manifiestan la importancia que tiene para los niños y las niñas entre los 0 y 5 años, la calidad de las interacciones con su entorno en el contexto escolar.

La neurobiología demostró que durante la primera infancia se dan las llamadas “ventanas de oportunidad”. En este período el cerebro humano está en óptimas condiciones de aprender destrezas y habilidades básicas que actúan como cimientos indispensables para el desarrollo posterior de otros aprendizajes más complejos. Diferentes estudios concluyen que el desarrollo cerebral se produce antes de los tres años y está determinado, en parte, por la biología, así como también por la estimulación y la interacción con el medio ambiente.

El estudio “Representaciones sociales sobre la calidad y los sistemas de evaluación de la calidad en educación parvularia”, realizado por la Agencia de Calidad de la Educación, revela que la mayoría de los entrevistados que participaron, declaran que la formación docente es el aspecto más relevante para mejorar la calidad de educación parvularia y que los procesos de interacción entre el niño y el adulto son centrales para generar bienestar y aprendizajes de calidad. En esta misma línea, se menciona que el juego es considerado como una metodología idónea para movilizar el aprendizaje, ya que se adecua a las características propias de esta etapa.

Asimismo, si consideramos que los niños comienzan la escuela con diferentes grados de madurez social, emocional y cognitiva, estas cualidades requieren de tiempo para aprenderlas bien. Por lo tanto, la familia y la comunidad educativa, especialmente las educadoras de párvulos, tienen un desafío mayor: brindar oportunidades y experiencias de aprendizaje que den cuenta de una serie de cualidades positivas y necesarias para enfrentar niveles más avanzados como, por ejemplo, fomentar el lenguaje, desarrollar el aspecto cognitivo, la confianza en sí mismo, independencia, motivación hacia el aprendizaje, curiosidad, persistencia (aprender a terminar lo que han comenzado), cooperación y, sobre todo, autocontrol, es decir, los niños desde pequeños deben aprender que hay buenas y malas maneras de expresar enojo.

Como Agencia de Calidad de la Educación tenemos un desafío importante con este nivel educativo: crearemos e implementaremos un dispositivo de evaluación y orientación del desempeño (visita), contextualizado, que permita evaluar y orientar a las comunidades, con el objetivo de mejorar la calidad de educación que se está entregando en los primeros años de vida de nuestros niños y niñas.

Mabel Bustos
Directora de Macrozona Norte
Agencia de Calidad de la Educación

Columna original en La Estrella de Iquique. Ver aquí.