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Andria Zafirakou, ganadora del Global Teacher Prize 2018: “Enseñar está en mi ADN”

22 de mayo de 2018

Cada mañana saluda a sus estudiantes en 35 diferentes lenguas y se cerciora de que todos estén y se sientan seguros en el recinto; considera que la base de una educación de calidad es el respeto por la diversidad y está convencida de que el arte es esencial para una educación integral. Se trata de Andria Zafirakou, profesora de arte y subdirectora del Alperton Community College de Londres que este año se alzó como la ganadora del Global Teacher Prize (GTP), también conocido como “el Nobel” de la educación.

De padres griego chipriotas, Andria Zafirakou (39) supo desde niña que su vocación era enseñar, y ese deseo infantil la animó a construir un camino sólido que, en marzo pasado, fue reconocido por la Fundación Varkey, institución creadora del premio. Durante la ceremonia realizada en Dubai –y a la que también asistió Marcela Henríquez, profesora chilena que representó a nuestro país en los GTP– Andria recibió el galardón que la convirtió en “la mejor profesora del mundo”.

“Tengo mucha suerte por haber ganado el Global Teacher Prize, sobre todo porque debe haber miles de buenos profesores alrededor del mundo. Me sentí increíble. Fue un verdadero honor porque uno de los objetivos de la Fundación Varkey es hacer brillar la luz de todos esos profesores que ayudan a que los niños logren su mayor potencial”, aseguró Zafirakou en entrevista con la Agencia de Calidad.

– ¿Por qué decidiste ser profesora?

Supe que quería ser profesora desde muy niña, como a los cinco años, cuando me sentaba con mi prima y les hacíamos clases a nuestros osos de peluche. Luego, en el colegio, tuve un profesor de música muy excéntrico, un hombre mágico, entusiasta y muy inspirador. Con mis compañeros nunca sabíamos qué iba a pasar en sus clases porque ¡las hacía tan entretenidas! Esa fue una pista más para saber que me convertiría en docente. Realmente sabía que ese era mi destino.

La decisión final llegó a los once años, cuando viví un momento asombroso. Esto pasó cuando experimenté mi primera clase en la escuela secundaria. Transité por un mundo maravilloso de colores, telas, esculturas, inspiración y creatividad; fue un lugar que sentí como el cielo y un espacio en el que podría alimentar mi pasión por el arte y el diseño y desarrollar mi propia creatividad. En ese momento supe que algún día iba a enseñar diseño y que quería crear un ambiente inspirador que incluyera a todos los jóvenes. Enseñar está en mi sangre, en mi ADN.

– ¿Cómo aportas para que tus estudiantes vayan contentos al colegio?

Los estudiantes en mi escuela provienen de las familias más pobres de Inglaterra, muchos viven junto a otras familias en la misma casa y han estado expuestos a la violencia de las pandillas. La mayoría de los niños llega al colegio con habilidades de lenguaje limitadas y por eso se sienten aislados y levantan una barrera debido a su falta de confianza. Son adolescentes y también traen a la sala de clases la realidad de ser joven. Su baja autoestima junto a la realidad que viven en sus casas puede llegar a ser un obstáculo muy grande para llegar a ellos.

Es por eso que les inculcamos que cualquiera sea su historia y la cultura de la cual provengan, encontrarán en mí y en los demás profesores personas para ayudarlos, tanto en lo emocional como en lo educacional. Nuestra escuela también entrega valores que fomentan la comprensión de diferentes culturas, pues estamos ubicados en uno de los sectores más multiculturales de Londres y trabajamos duro para asegurarnos del respeto propio. Esto está relacionado con que seamos altamente inclusivos, abracemos todas las culturas y creencias y tengamos un fuerte sentido de comunidad.

También adaptamos el currículo para hacerlo más interesante a los diferentes contextos que tenemos en nuestra escuela para que así los estudiantes puedan relacionar sus asignaturas, por ejemplo, exponiendo sus culturas (islámica, africana, asiática, etc.) a la clase y ayudando a sus compañeros a participar de la cátedra. En esta escuela escuchamos sus preguntas sobre cómo prefieren aprender y todo eso ha ayudado a que la confianza de los niños aumente y les permita alcanzar su pleno potencial.

– ¿Cuál crees que es la importancia del arte en una educación integral?

Las asignaturas que comprometen la creación merecen ser tomadas como una plataforma y, por eso, una de mis ambiciones como ganadora del Global Teacher Prize es ayudar a que estas sean vistas como algo aún más importante. Para nosotros, los ramos artísticos son una parte importante del currículo, ya que tienen un impacto positivo en el desarrollo de los estudiantes en otras áreas, entre otras cosas les ayuda a estimular sus mentes y los impulsa a tomar riesgos y hacer preguntas.

Mis alumnos se involucran con el pensamiento creativo mientras exploran y aprenden nuevas técnicas, eligen sus materiales, etc., y cuando les enseño lo que se ha hecho en el amplio mundo del arte, ellos se embarcan en un verdadero viaje donde tienen la posibilidad de explorar en sus propias innovaciones.

– Trabajas con niños de diferentes nacionalidades y por ello aprendiste a saludarlos en 35 diferentes lenguas. ¿Cómo te sientes cuando ellos te responden “buenos días”?

Debido a que muchos niños llegan a Alperton con habilidades de lenguaje limitadas, se pueden sentir muy solos. Hice un esfuerzo para aprender el saludo básico, un “hola” en la mayoría de los idiomas que se hablan en nuestra escuela porque quería que los niños supieran que aquí son bienvenidos. Cuando los niños me responden al “hola” y al “¿cómo estás?” siento un calorcito en el corazón porque sé que se sienten seguros y felices de estar en nuestra escuela.

Conoce más sobre el trabajo que desarrolla la profesora británica, Andria Zafirakou en el siguiente video: