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Pisa Educación Financiera y el bien-estar

29 de mayo de 2017

Ser ciudadano hoy supone un desafío más diverso y complejo que en el pasado reciente. No solo hay múltiples estímulos, sino que la amplitud de ámbitos en los cuales requerimos tomar decisiones informadas es mayor. Uno de ellos es el relativo a lo financiero. Este es un tema complejo, por cierto debatible, y que ineludiblemente lleva a cuestionarse la forma en que funciona el mercado. Esta columna no pretende abordar esa arista sino más bien exponer la relevancia que tiene precisamente en una sociedad como la nuestra que los jóvenes desarrollen –con visión activa y responsable– habilidades financieras desde edad temprana que les permitan tomar las mejores determinaciones en su contexto.

En estos años la Agencia de Calidad ha trabajado fuertemente en ampliar la mirada de la calidad de la educación, incorporando a la evaluación de aprendizajes cognitivos, los Indicadores de Desarrollo Personal y Social. PISA Financiera es un paso más, pues evaluamos cómo estamos educando a nuestros jóvenes para uno de los ámbitos de la vida en sociedad. El aprendizaje en torno a términos y conceptos, resolución de problemas y cálculos en el ámbito de las finanzas es central para reducir problemas de endeudamiento y lograr mejores niveles de calidad de vida.

Estos resultados hoy nos reafirman el rol crucial que cumple la escuela en nuestro desarrollo. Uno de cada tres estudiantes (34 %) declara haber aprendido a manejar su dinero en el contexto escolar, mientras que el 39 % afirma no aprenderlo ni dentro ni fuera, y el 27 % afuera del colegio. La cifra de quienes aprenden en la escuela se eleva a casi la mitad (45 %) cuando se analizan las respuestas de los estudiantes más vulnerables, prácticamente el doble de lo reportado por el grupo socioeconómico alto, donde el 23 % declara hacerlo en su establecimiento.

Por lo demás, los resultados de PISA Educación Financiera se correlacionan fuertemente con los puntajes que obtienen los estudiantes en Matemática. Así, se reafirma el rol preponderante de la escuela en la formación integral de nuestros jóvenes, donde aquello que se aprende en una asignatura (en este caso, Matemática) desarrolla competencias cruciales para desenvolverse en la sociedad.

En relación a las conductas de ahorro y gasto, ante la pregunta: “si no tienes suficiente dinero para comprar algo que realmente quieres, ¿qué es lo más probable que harías?”, el 71 % de nuestros estudiantes declaró que ahorraría para comprarlo, superior al 63 % declarado por los países que participaron en la evaluación. Sobre las fuentes de obtención del dinero, el 38 % de los alumnos vulnerables declara tener un trabajo formal fuera del horario escolar, el doble del 16 % que declara esta actividad en el grupo de mayores recursos. Por el contrario, un 44 % de los jóvenes más acomodados declara vender cosas para obtener recursos, y el 47 % recibe mesada sin hacer nada a cambio, cifras significativamente más altas que las observadas en los grupos más vulnerables (28 % y 30 %, respectivamente).

Tenemos la convicción de que los aspectos evaluados son relevantes para la calidad y equidad. El acceso al conocimiento financiero, que permite tomar mejores determinaciones –hoy y en el futuro– respecto de los recursos disponibles y su uso, puede tener consecuencias profundas en la comodidad de las personas. Esto también es parte de la tarea de otorgar igualdad de oportunidades para todos, independiente del origen.

El estudio realizado, entonces, nos permite mirar una vez más cuánto nos estamos ocupando en la tarea de formar estudiantes informados y críticos con capacidad de tomar decisiones para bien-estar en la sociedad del siglo XXI y ser partícipes en la construcción de ésta, como ciudadanos activos.

Carlos Henríquez Calderón
Secretario Ejecutivo
Agencia de Calidad de la Educación

Columna original en Estrategia. Ver aquí.