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Por la mejora y no por buscar culpables

7 de diciembre de 2016

La contingencia muchas veces está centrada en las cifras, donde la discusión política se focaliza en números y clasificaciones, sellos inamovibles que marcan pauta, inexorablemente. Las pruebas Simce, y prontamente, en diciembre, la entrega de la Categoría de Desempeño a los establecimientos en régimen son necesarias por su utilidad al diagnóstico de la calidad educativa. En este contexto, el debate educativo debe centrarse en nuestros estudiantes y en que su proceso de aprendizaje sea cada vez mejor. Este es el foco actual del Sistema de Aseguramiento de la Calidad.

Los instrumentos antes mencionados permiten a los establecimientos identificar las áreas en las que no están logrando los resultados esperados, para que desde ahí puedan desplegar las acciones y apoyos necesarios. Con esto se busca que las escuelas mejoren y no que cierren, no estamos por los rankings y “semáforos” que estigmatizan, especialmente a los colegios que atienden a la población más vulnerable del país dada la gran segregación socioeconómica que hoy existe en nuestras escuelas y liceos.

Así, lo que nos inspira hoy es contribuir a que las comunidades escolares se movilicen y avancen en sus trayectorias de mejora escolar. Para esto es importante que las escuelas tengan tiempo luego de una medición para reflexionar internamente y tomar decisiones para que sus estudiantes logren mayores aprendizajes.

En esta línea de apoyo a las escuelas con información valiosa, sin agobiarlas, es que hemos disminuido las pruebas Simce de dieciséis a ocho pruebas anuales en promedio, según el Plan de Evaluaciones 2016-2020. Las evaluaciones estandarizadas son indicadores importantes, pero no son el único instrumento. Antes era solo Simce, ahora tenemos también los Indicadores de Desarrollo Personal y Social, tales como autoestima académica, participación y formación ciudadana, entre otros;  lo que refleja una evaluación con una mirada más amplia de la calidad. Junto con ello, la Agencia de Calidad cuenta con un conjunto de dispositivos integrales que permiten conocer cómo está el trabajo al interior de las escuelas y cómo se desarrolla el aprendizaje. Estos insumos permiten a la política educativa focalizar los esfuerzos en los establecimientos que más lo requieren y también aprender de aquellos que lo hacen bien. Por tanto, la discusión debe de salir de la receta fácil y ver a las escuelas en sus particulares, y eso es lo que hacemos con las visitas a los colegios.

Ante la convicción de que debemos aportar a retroalimentar las prácticas de los docentes en el aula y en mejorar los aprendizajes de los estudiantes, es que se ha implementado por primera vez, luego de veinte y ocho años, una evaluación diferente al Simce, la cual hemos denominado Evaluación Progresiva. Esta busca aportar al trabajo que realiza el docente en la sala de clase entregándole información más detallada y por estudiante sobre los aprendizajes en segundo básico en comprensión lectora. La adhesión a esta iniciativa ha sido amplia, con más de un sesenta por ciento de las escuelas inscritas de forma voluntaria para que nuestros estudiantes aprendan a leer comprensivamente.

La discusión de los resultados educativos debe entablar una conversación acerca de cómo lo hacen mejor las escuelas y no como un gran veredicto público, donde se señala a quien le fue peor. Es imperioso salir del encontrar culpables e ir juntos a asumir la responsabilidad de construir confianza para la mejora escolar, evitando el aislamiento por la colaboración mutua entre las distintas comunidades educativas y las autoridades.

Como políticas públicas, todo instrumento tales como la Categoría de Desempeño y el Simce, no se deben reducirse a la mera técnica y al dato frío, ya que este proceder corre el riesgo de separarse de la ética, del sentido de urgencia que es constitutivo de la práctica política de hacerse cargo, en este caso, de los colegios que se nos están quedando atrás. Lo que buscamos, en cambio, es priorizar y movilizar su mejora, en beneficio de los estudiantes y sus anhelos.

Carlos Henríquez C
Secretario Ejecutivo
Agencia de Calidad de la Educación

Columna original en La Tercera. Ver aquí.