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Marcela Henríquez, primera chilena finalista del Global Teacher Prize: “la educación es uno de los espacios donde las mujeres hemos conseguido ser valoradas en nuestras diferencias”

“Cuando niña veía a las profesoras como mujeres exitosas y desarrolladas en todos los ámbitos de la vida”. Así explica el origen de su pasión por la docencia, Marcela Henríquez (38), profesora que representará a nuestro país en el Global Teacher Prize (GTP), galardón internacional conocido como el Nobel de la enseñanza que busca reconocer el trabajo de maestras y maestros.

Docente de Lenguaje y Comunicación en el Liceo Polivalente Carlos Montané Castro de Quirihue, Región del Biobío, Marcela fue reconocida por innovar en la sala de clases con atractivas estrategias literarias, algo que no solo llamó la atención del director del establecimiento, Carlos Canales, para su nominación, sino también de la fundación Varkey –creadora del premio– para considerarla dentro del grupo de los más destacados a nivel mundial.

“Marcela ha tenido muchas ofertas de liceos privados y universidades, pero ella siempre ha apostado por la educación pública. Por eso trabaja en un liceo municipal”, aseguró el director del liceo de Quirihue, destacando a la profesora como una persona convencida de este sistema. “Es en el sistema público donde realmente la labor de un buen docente es fundamental”,  afirmó la finalista chilena del Global Teacher Prize en entrevista con la Agencia de Calidad.

– Entendemos que en tu familia hay varias profesoras. ¿De qué manera influyeron ellas en tu decisión por seguir el camino de la pedagogía?

Para mí siempre ha sido un motivo de profundo orgullo el rol que cumplió mi mamá porque fue madre y educadora al mismo tiempo; es admirable cómo fue capaz de criar a seis hijos y nunca dejar de lado su labor como docente. También son profesoras mi tía y las amigas de mi mamá, entonces cuando niña veía a las educadoras como mujeres exitosas y desarrolladas en todos los ámbitos de la vida. En el colegio tuve solo profesoras hasta los diez años, por lo tanto para mí, ellas cumplían un rol fundamental que tenía que ver con el cuidado y protección, pero también con el desarrollo integral de los niños.

– ¿Cómo recuerdas tu primer año como profesora?

Fue difícil, porque existe un cierto prejuicio de que las mujeres que somos madres y trabajadoras de alguna forma no atendemos al cien por ciento nuestro trabajo, cosa que yo no creo para nada. Es cierto que es especialmente dificultoso, pero no es algo imposible. En mi caso lo pude complementar bien porque mi hija estudió en un colegio que quedaba muy cerca de donde yo trabajaba y cuando ingresó a enseñanza media vivimos una historia muy potente porque fui su profesora jefe durante cuatro años, de hecho nos veíamos más en el liceo que en la casa. Eso me permitió compartir con ella en un contexto diferente y conocerla desde otra perspectiva.

– Hasta el año pasado, el universo de docentes en Chile estaba compuesto por un 73 % de mujeres. ¿Por qué crees que son ellas las que deciden dedicarse a la docencia en mayor medida?

Lo he pensado en varias oportunidades porque leo publicaciones o estudios donde se da cuenta de esta realidad y, sin intención de entrar en un estereotipo, creo que la mujer por su capacidad de ser madre tiene un afán de preocupación por los otros que tiene que ver con la protección. No sé si llamarlo un instinto maternal o simplemente una conciencia absoluta de la importancia que ellas tienen en el cuidado y crecimiento de las demás personas. Eso es fundamental para ser un buen profesor. Siento, desde mi experiencia, que la emotividad y el cariño son esenciales para lograr buenos resultados en la educación, sobre todo en el contexto donde yo trabajo porque muchas veces las prioridades no están en el desarrollo académico.

– Estudios como PISA y TIMSS evidencian que en Chile aún hay una brecha de género y aún vemos que a las niñas les va mejor en Lenguaje y a los niños, en Matemática. ¿De qué manera crees que se puedan acotar estas desigualdades?

Lamentablemente esa es una realidad que nosotros desprendemos de los resultados de estas pruebas y creo que el lenguaje influye harto en ello. Para mí es fundamental el cómo lo utilizamos para construir realidades, porque es imposible que un niño venga predeterminado a tener mayores habilidades para Matemática.

Creo que el discurso que las niñas comienzan a escuchar desde pequeñas, inevitablemente reproduce comportamientos que se siguen manteniendo y la escuela, en vez de detener esas características, muchas veces tiende a potenciar las diferencias, es decir, motivar a los niños en Matemática y a las niñas en Lenguaje. Eso termina por fomentar el modelo actual y se hace muy poco para revertirlo. Está comprobado que las niñas cuando son potenciadas desde chicas –y los niños también– consiguen grandes resultados que les permiten desarrollarse de manera integral en cualquier ámbito, y  eso va a repercutir en sus vidas, decisiones y habilidades.

– ¿Cuál crees que es el aporte de la mujer en la educación?

Creo que las mujeres en educación tenemos una conciencia muy importante del amor al prójimo, desde una perspectiva ética, y creo que realizamos un aporte fundamental en relación a cuánto me importa lo que pase con el otro y qué tan importante es para esa persona sentirse apoyada para que salga adelante y logre cumplir sus metas y sueños.

A propósito del Día Internacional de la Mujer, siento que la educación es uno de los espacios donde las mujeres hemos conseguido ser valoradas en nuestras diferencias y en nuestras características particulares. Creo que en el ámbito de la educación, las mujeres nos hemos ganado un espacio que tiene que ver con el amor que le hemos puesto a nuestro trabajo y con el nivel de profesionalismo que hemos logrado desarrollar con el tiempo. Ya no se trata solo de obtener un título, sino que siempre estamos avanzando para mejorar, siempre pensando en los demás.

El Global Teacher Prize: un logro de todos

En unas semanas más, el Global Teacher Prize anunciará al profesor o profesora ganador del Nobel de la enseñanza. La reunión se realizará en Dubai, capital de Emiratos Árabes, y hasta allá llegará Marcela Henríquez para representar a los docentes chilenos y compartir con miles de colegas en el Foro Global sobre educación y habilidades.

La profesora de Quirihue además es una de las cinco finalistas del Global Teacher Prize Chile 2017, instancia donde resultó ganador el profesor Eduardo Cortés, profesor de Tecnología de la Escuela Industrial Ernesto Bertelsen Temple de Quillota, Región de Valparaíso.

– Fuiste una de las cincuenta finalistas del GTP. ¿Cómo te enfrentaste a tu nominación y cuáles son tus expectativas de este concurso?

Este ha sido un proceso en donde no he estado sola: está mi director que fue la persona que me nominó, está mi esposo, mi hija, mis colegas y la comunidad de Quirihue en general. Entonces, siento que ir con expectativas sería ser mal agradecida porque creo que todo lo que ha pasado ya ha sido pura ganancia y disfrute. Este viaje además me servirá mucho para conocer otras experiencias educativas cuando nos reunamos con todos los profesores del mundo.

– El GTP te destaca por utilizar estrategias que encantan a los estudiantes con la lectura ¿Cómo incentivas y potencias a tus alumnos a leer y escribir?

Trabajo actualmente en el sistema científico-humanista y me encuentro todos los días con chicos que no quieren leer, que no les interesa o que es algo que no está dentro de sus prioridades. En algunos casos, la lectura no fue desarrollada como un hábito desde la infancia, que es cuando se debería desarrollar. Eso a veces es complicado, pero siempre se puede avanzar.

Utilizo un montón de estrategias diferentes dependiendo del tipo de curso y el tipo de alumno. Hay algunos a quienes les pides leer un libro y van directo a la biblioteca a conseguirlo, pero también hay otros a los que tenemos que encantarlos, re encantarlos y motivarlos. Para lograrlo, hay un montón de prácticas preciosas que provienen de la educación preescolar y sirven bastante para ayudar a los estudiantes a desarrollar hábitos lectores en la adolescencia. Algunas de ellas son la lectura en voz alta, la lectura compartida, el cuenta cuentos, comentar los textos en grupo, etc.

En una nota de 24 Horas, uno de tus colegas aseguró que eres una profesora que cree firmemente en la educación pública. ¿Qué es lo que te motiva a continuar trabajando en un liceo municipal?

Me motiva el desafío que implica el tratar todos los días de lograr algo. En el curso donde actualmente soy profesora jefe tengo, de mis 37 alumnos, una niña con trastorno de Asperger,  otra chica que tiene una discapacidad intelectual moderada, alumnos que tienen graves dificultades de aprendizaje y también estudiantes con un alto rendimiento académico, entonces, en una misma clase –y en noventa minutos– tengo que lograr que toda esa diversidad de alumnos, que muchas veces podría superar a dos personas, avance y eso es un tremendo desafío.

En el sistema público recibimos niños que muchas veces han sido desplazados e ignorados tanto por sus familias como por el sistema escolar del cual provienen, y con ellos uno parte de cero. Estamos hablando de niños que ya tienen una historia formada, son adolescentes de catorce o de quince años y eso es a veces muy complicado, pero eso es también lo que me hace valorar aún más el lugar donde estoy, porque todos los logros que tengo con cada uno de ellos tiene un valor diferente.