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Las innovadoras prácticas en Matemática de una finalista del Global Teacher Prize Chile

La ariqueña Marcela Rodríguez estuvo entre los cinco finalistas de la pasada versión del Global Teacher Prize Chile. Hija de dos destacados profesores de Matemática, comenzó a hacer clases a los 15 años. “Como profesora quiero compartir mi práctica e inspirar a otros profesores”, confiesa.

En 2017 Marcela Rodríguez le dio una gran alegría a Arica, su región, cuando quedó seleccionada entre los cinco finalistas del Global Teacher Prize Chile. La profesora de Matemática y Computación, lograba estar entre los mejores postulantes del llamado “Nobel de la enseñanza”, permitiéndole dar a conocer su experiencia e innovadoras prácticas.

Estudió pedagogía en la Universidad de Tarapacá y aunque lleva seis años haciendo clase, está vinculada a la docencia desde los 15 años, época en que comenzó a ayudar a sus padres, ambos profesores de Matemática. Antes de titularse como profesora estudió ingeniería en la Universidad Federico Santa María, sin embargo, tras un año en la carrera se convenció de que lo suyo era la pedagogía. “Me gusta mucho enseñar. A los compañeros que les iba mal les ayudaba, me vine, convalidé y encontré muy interesante estudiar Pedagogía en Matemática, porque te enseñan el porqué de esta ciencia”, recuerda.

Actualmente Marcela realiza clases en enseñanza media en el colegio Centenario de Arica. “Como profesora quiero compartir mi práctica e inspirar a otros profesores”, confiesa, antes de comentar tres innovadoras prácticas que ha implementado y que hacen del aprendizaje en matemática algo entretenido: el año pasado creó junto a sus estudiantes “la cocina de matemática”, también construyeron un puente utilizando principios matemáticos y este año prepararon una zumba para participar en un certamen regional de la Red Explora Conicyt.

Además, se plantea un desafío a mediano plazo, quiere acercarse a la universidad para preparar a nuevos docentes, mostrar sus prácticas y lograr que más gente las aplique. “Yo no soy una persona egoísta, no digo ‘esto me resultó a mí y a otro no’”, remarca.

Cocina de matemática

La docente preparó junto a sus alumnos una exposición de diversos alimentos y preparaciones, donde aplicaron todo lo aprendido en la asignatura. “La cocina de matemática hizo más interesante el aprendizaje de los estudiantes de I a III medio”, destaca.

¿En qué consiste esta práctica pedagógica?

Los estudiantes expusieron en cada mesa un tema de matemática, pero tenían que relacionarlo con la comida. No era cocinar con fracciones, como en enseñanza básica. Lo que yo quería era que su material didáctico fuera la comida. Entonces, los niños me hicieron tres Pie de Pi (en la corteza iban números) y una Tartaleta de Euler, ellos iban explicando los números. Incluso, en III medio, podían escoger cualquier tema de enseñanza media para exponer, el que más les llamara la atención. Otros niños ocuparon funciones con galletas o cocinaron los números complejos con rosquitas.

Combinamos la repostería con teoremas y ecuaciones, lo que dio como resultado estudiantes altamente motivados con los números y la asignatura. Aprendieron de forma creativa y entretenida.

Puente matemático

 Para el desarrollo de la actividad, los estudiantes organizados por grupos de trabajo, aprendieron y aplicaron conceptos matemáticos en geometría con el objetivo de construir esta estructura.

¿En qué consiste el puente matemático?

Los estudiantes tenían que aplicar área, volumen, perímetros, pero con ciertas restricciones: el peso, porque yo tenía que pasar por allí, que fuera transportable y aparte de la creatividad, que ocuparan otros conceptos matemáticos y de geometría. Muchos utilizaron la parábola y otros ocuparon el teorema de Pitágoras y Euclides. La parábola era la siguiente materia a aprender después de hacer el puente, pero ellos ya tenían un conocimiento previo y allí surgieron muchas buenas ideas.

Bailando las funciones

La docente explica que esta práctica surgió desde los estudiantes, quienes años atrás vieron un meme en el que aparecía un personaje bailando las funciones, particularmente “función lineal y función cuadrada. Lo encontré bastante bonito. Yo tomé ese meme y lo utilicé para enseñar las funciones”, señala, acotando también que “una niña me preguntó ‘¿y si hacemos un baile con las funciones?’, lo hicimos y accedimos a la invitación de participar en un concurso de zumba matemática del programa Explora”, relata.

Junto a los jóvenes de III medio hicieron un resumen en forma gráfica sobre qué son las funciones y prepararon un baile en el que los movimientos corporales, de brazos y manos simulaban líneas en el plano cartesiano: constante, lineal, a fin, cuadrática, parábola, función logaritmo y función exponencial. “La idea es que ellos bailen solamente pensando en las funciones. O sea, no pueden poner un paso de break si no tiene la forma de una función. Es algo muy entretenido”, cuenta.

¿Cómo surgieron las ideas para llevar a cabo estas prácticas?

Se da por la diversidad de alumnos. Algunos me dicen que son negados para matemática y yo les digo que tal vez tuvieron una mala experiencia y todavía les falta encontrar su propia forma de aprender. Les digo que no se preocupen porque en algún momento conmigo van a enganchar. Y la idea es pasar por distintas formas: la matemática está en todos lados, entonces, hay que buscarla.

Me gusta pasarlo bien en clases, porque me gusta mi trabajo. Es fome ir a una clase en que te entregan una guía y luego una prueba. No es la idea, por lo menos para mí. Las niñas y niños quieren aprender de forma entretenida. Muchas ideas nacieron de los niños, también la forma de evaluar, es bueno escucharlos. Ellos creen que pueden.