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Nuevos tiempos, nuevas lecturas

A propósito del último Simce y de la baja en lectura en los hombres de II medio, resulta indispensable  fomentar la lectura desde edad temprana, no importando si es en papel o con la ayuda de los dispositivos digitales. Así pues, evitamos centrarnos en la inconducente discusión de si son buenos o malos  los aparatos electrónicos al momento de impulsar este hábito y más bien nos concentramos en cómo somos capaces de proponer nuevas formas de acercar a los estudiantes a la lectura.

Las nuevas tecnologías son una realidad que llegó para quedarse. En ese sentido, queremos llamar la atención con respecto a la necesidad del sistema escolar de adaptarse a la nueva manera de aprender de los jóvenes, muchos de ellos nativos de internet; estos estudiantes nos ponen en un gran reto que no podemos eludir. Si se entienden las tecnologías como un carril paralelo a la escuela, como un recurso aparte, estamos rehuyendo el desafío de los colegios de incorporar los dispositivos digitales de manera pedagógica, convirtiéndolos en un aporte para impulsar la lectura al interior de las salas de clases.

Leer, sin duda, es una posibilidad de descubrir, de ir más allá con la imaginación, de conocer otras realidades. Por eso, sumado a la asimilación de las nuevas tecnologías, es fundamental hablar del placer de la lectura, para que los estudiantes la perciban como una diversión, no como una imposición; apoyando a cada joven para que tenga un encuentro personal con la lectura, según su edad e inquietudes. De acuerdo con esto, tiene sentido la frase del escritor Jorge Luis Borges en cuanto a que el verbo leer, como el verbo amar y el verbo soñar, no soporta el modo imperativo.

Es un hecho que existe una tendencia a que los niños y jóvenes dejen de leer a medida que van creciendo, debido –entre otros factores– a que cada vez somos menos capaces de estimularlos a leer, por lo que resulta necesario ser más creativos y redoblar los esfuerzos para que crean que la lectura  es algo importante para ellos, para su vida.

A su vez, no debemos desestimar la brecha de género al respecto. Las mujeres tienen mejores hábitos lectores que los hombres, lo cual se transforma en un factor protector para su desempeño en lectura. A partir de los Cuestionarios de Calidad y Contexto de la Educación, por ejemplo, observamos que un 42 % de los hombres de II medio solo lee “si se le obliga”, versus el 26 % de las mujeres; un 51 % de los hombres “no lee para entretenerse”, versus un 32 % de las mujeres; y que el 28 % de los hombres “le gusta que le regalen un libro”, versus el 54 % de las mujeres.

Por eso es fundamental que también los padres, sin estereotipos, se hagan parte del proceso de motivar la lectura en sus hijos, pues además de generar oportunidades de aprendizaje, les permite crear vínculos y desarrollar, adicionalmente, el pensamiento crítico, reflexivo y empático con el mundo.

En resumen, el impulso de la lectura es importante para incorporar nuevos conocimientos y para la transmisión intergeneracional de las bases que sustentan nuestra sociedad. Leer –independiente del formato: libro o dispositivo digital–  no solo puede tocar la emoción misma, las fibras más íntimas de las personas, sino que revela mundos que de otro modo tal vez nunca conoceríamos. El esfuerzo entonces está en entender los nuevos tiempos, las nuevas lecturas. Lo anterior no es ficción, es una historia que estamos reescribiendo, todos.

Carlos Henríquez C
Secretario Ejecutivo
Agencia de Calidad de la Educación

Columna original en La Tercera. Ver aquí.