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La lectura y su incentivo con el ejemplo

La lectura es una experiencia fundamental para la vida, sin distinción de edad, género, nacionalidad o creencias.   Leer no solo puede tocar la emoción misma de las personas, sino que revela mundos que de otro modo tal vez nunca conoceríamos.

Sin embargo, a pesar de eso, muchos adultos no leen. Según los resultados del Estudio Internacional de Progreso en Competencia Lectora, PIRLS, en Chile los padres demuestran menos afinidad con la lectura que el promedio internacional. Solo uno de cada cinco (27 %) reporta que le gusta mucho la lectura, mientras que el promedio de los cincuenta países y nueve ciudades participantes alcanza uno de cada tres.

No hay duda que la lectura es un hábito que se educa y que se traspasa con el ejemplo. Este se forma tanto cuando les leemos a nuestros hijos e hijas como cuando nos ven leer. De hecho el estudio demuestra que el 75 % de los estudiantes cuyos padres son buenos lectores disfrutan leyendo; y que el 42 % de los niños y niñas cuyos padres dicen que no leen habitualmente, encuentran que leer es aburrido.

Por eso es esencial que los padres se hagan parte del proceso de motivar la lectura en sus hijos, pues además de generar oportunidades de aprendizaje, fortalece vínculos y aporta al desarrollo de pensamiento crítico, reflexivo y empático con el mundo.

Los primeros años de un niño son particularmente importantes, ya que el éxito en la lectura en esa etapa está fuertemente asociado con el buen desempeño escolar futuro. Vale decir, los niños que presentan dificultades con la lectura en los primeros años, es altamente probable que las seguirán teniendo a lo largo de su vida.

De ahí que el rol del profesor, complementario a la labor de los padres, es importante, porque ellos pueden incentivar y marcar la diferencia innovando dentro de la sala de clases, como mediadores de lecturas desafiantes y atractivas. Así también son cruciales las bibliotecas de las escuelas en el sentido de que estas son más concurridas cuando son amigables y contienen variedad de libros para los diferentes intereses de los estudiantes.

A eso habría que agregar la importancia de las redes de bibliotecas públicas y privadas, donde muchas de ellas son centros culturales, lugares de encuentro para toda la comunidad. La idea es que estas se consoliden como un lugar donde se invite naturalmente a tomar un libro, sin miedo. De hecho, las bibliotecas son el espacio donde nadie nos puede decir qué leer, ni cuándo, ni cómo.

En definitiva, la tarea es dejar de aprender a leer para aprender a través de la lectura. Un niño que entiende lo que lee aprende algo nuevo todos los días, pues leer es una posibilidad de descubrir, de ir más allá. Por eso es fundamental hablar del placer de la lectura, para que todos la percibamos como una diversión, no como una imposición. Es central apoyar a cada niño para que tenga un encuentro personal con la lectura, según su edad e inquietudes. Lo contrario, sería un mal cuento.

Carlos Henríquez C
Secretario Ejecutivo
Agencia de Calidad de la Educación

Columna original en La Tercera. Ver aquí.