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Escritura del siglo XXI

A propósito de la presente entrega de Simce Escritura 6° básico, cabe resaltar el impacto de la escritura y su relación con las nuevas tecnologías en la vida cotidiana de los estudiantes.

Hoy en día, por ejemplo, si se escribe un mensaje en WhatsAap a un amigo para recordarle algo con palabras abreviadas y faltas de ortografía, el mensaje y la intención del texto no se ven necesariamente afectados. Lo mismo con el uso de emojis. De hecho, el uso de estos dibujos en mensajes puede enriquecer el significado de estos textos. Lo importante es que quien escriba se adecue al contexto y transmita con claridad sus ideas en cualquier tipo de texto, incluidos el de las redes sociales. Sin embargo, esto no quiere decir que no se deba enseñar y reforzar la ortografía como conocimiento que facilita la fluidez de la lectura y, más importante aún, que solo sea valiosa la capacidad de síntesis; también debemos fomentar la capacidad de desarrollar nuestras ideas y mantener la coherencia. Unas habilidades, por cierto, que presentaron las principales dificultades en el Simce antes citado.

Es importante señalar que no se aprende a comprender un texto con solo leer, ni a escribir con la sola reproducción de este ejercicio. En ambos casos es necesario enseñar a los estudiantes estrategias que les permitan desarrollar estas competencias. Estas deben ser diferentes para cada caso: las de comprensión de lectura no son apropiadas para escribir (salvo en el momento en que leemos lo que hemos escrito) y las estrategias de producción de textos escritos no mejoran, necesariamente, la comprensión.

Por otro lado, en el espacio pedagógico es imprescindible fomentar el uso de dispositivos digitales en las salas de clases, porque de esa manera ponemos la tecnología al servicio del aprendizaje. De ahí que necesitamos profesores preparados tanto en sus capacidades como en sus creencias para aprovechar estos recursos al máximo. Así también, es importante que las familias apoyen lo que se hace en los colegios; que los padres valoren y estimulen la escritura, por ejemplo, al demostrar interés sincero por lo que escriben sus niños y niñas o al compartir lo que ellos escribían cuando eran pequeños. De esta manera la escritura se hará consciente en la vida de los niños y niñas.

Hoy escribimos más que nunca. Los textos digitales producidos en un año superan en veinte millones de veces lo publicado en todos los libros escritos en la historia de la humanidad. Por eso, la escritura, como la lectura, son actividades centrales para la educación de nuestros estudiantes, ya que estamos formando ciudadanos para el siglo XXI, donde la comunicación no tiene límites de tiempo ni de espacio. En ese sentido, la escritura despierta, junto a las nuevas tecnologías, la curiosidad, la imaginación y la creatividad, así como el interés por compartir una visión crítica; en el marco de una sociedad que comprende que los estudiantes son protagonistas de su aprendizaje y no meros receptores: personas que quieren dejar huellas y escribir su propia historia.

Carlos Henríquez C
Secretario Ejecutivo
Agencia de Calidad de la Educación

Columna original en Revista Capital. Ver aquí.