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El peso de nuestros niños

La obesidad infantil es uno de los problemas de salud pública más graves del siglo XXI por la organización Mundial de la Salud. En nuestro país muchos son los esfuerzos por contener este dilema que crece a un ritmo alarmante. En ese sentido, el estudio de la Junta Nacional de Auxilio Escolar y Becas (Junaeb), con relación al sobrepeso de nuestros estudiantes es un gran aporte para visibilizar esta preocupación. A eso si agregamos los antecedentes del Ministerio de Salud, hacia el año 2009 en Chile cerca del 40% de la población mayor de quince años tenía sobrepeso y más de un 25% era obesa, llegando al 19% para los hombres y al 30% para las mujeres. Más preocupante se vuelven dichas cifras al considerar la población infantil, que según el Estudio Nacional de Educación Física 2015, realizado en la Agencia de Calidad a octavo básico y dado a conocer en octubre pasado, el 45% de los estudiantes tiene sobrepeso u obesidad, es decir, cuatro de cada diez niños tienen ese problema. Esto implica un alto factor de riesgo para la obesidad adulta, y por ende, elevados niveles de vulnerabilidad ante la diabetes y otras enfermedades crónicas.

En base del estudio de la Agencia antes mencionado y los datos de los Indicadores de Desarrollo Personal y Social obtenidos a partir de los Cuestionarios de Calidad y Contexto respondidos por los estudiantes junto a la aplicación Simce 2014, fue posible identificar una serie de factores asociados al sobrepeso en niños y niñas. Dentro de estos se evidenció una mayor probabilidad en las mujeres, en escuelas con nivel socioeconómico bajo, y entre los más pequeños. Al ajustar las variables, se ratificó la importancia del nivel socioeconómico de la escuela –compuesta en gran parte por el nivel educacional de los padres–. Dicho indicador no es solo un determinante de la probabilidad de sobrepeso, sino que también es una característica capaz de moderar los efectos de variables tan estructurales como el género.

Dentro de los resultados, las escuelas son clave para que los niños valoren la actividad física y constituyen espacios seguros donde se practica y fomentan hábitos de vida activa, lo que en su conjunto podría redundar en hasta un 23% de los estudiantes con mejor rendimiento en la capacidad aeróbica en el estudio del 2015.

Frente a esto y a semanas del inicio del año escolar, la función de la escuela en la lucha contra el sobrepeso y la obesidad es un eje esencial, la cual se vincula también a la educación en hábitos alimenticios y de salud. No obstante, y según los factores asociados, dicha tarea debiese considerar también el contexto del niño y de su grupo familiar. Es decir, la promoción no basta si es que se practica solo dentro del establecimiento, como, por ejemplo, el caso de las convivencias saludables realizadas por los profesores a partir de la Ley de Rotulado en junio pasado. Debe expandirse a los hogares, contemplando a los miembros de la familia como receptores de las diferentes intervenciones.

Estamos convencidos de que la promoción de hábitos de vida saludable es un cambio significativo en materia de políticas públicas. Un desafío país a afrontar con una mirada intersectorial que no solo incluya las carteras de salud, educación y, por supuesto, deporte. Esperamos de esta manera disminuir las tasas nacionales de sobrepeso de niñas y niños y poder recordar en el futuro, como quien mira un álbum antiguo de fotografías, el día mundial contra la obesidad como algo lejano y superado.

Carlos Henríquez Calderón
Secretario Ejecutivo
Agencia de Calidad de la Educación

Columna original en La Tercera. Ver aquí.