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Calidad, un derecho social

La actual Reforma en marcha, como la ampliación de la cobertura escolar –llevada a cabo por el Presidente Frei Montalva en los años sesenta–, es uno de los procesos de cambio más importante de las últimas décadas, solo comparable con la modificación del modelo educativo que realizó, lamentablemente, la dictadura. Esta última municipalizó la educación y generó el sistema del voucher, consagrando el mercado de la educación sin regular lo más importante: que todos los estudiantes tengan acceso a una educación de calidad.

Estamos convencidos que debemos mirar la educación desde un foco distinto; no como una competencia, sino como una colaboración; no para una porción de nuestra sociedad, sino para todos; no para una libertad acotada, sino una que entregue habilidades para mejorar y cumplir los anhelos de todos los estudiantes. Estamos seguros de que para avanzar en calidad tenemos que promover las capacidades de los profesores y directores, y no entregar un recetario donde se diga lo que tienen que hacer.

A nadie se le ocurriría pensar que mejorar la salud pasaría por dar mejores condiciones a los pacientes más sanos. Sin embargo, en la práctica, lo que ha pasado en la educación es que se ha  priorizado el debate en los que aprueban exámenes de admisión, en los que pueden pagar, en los que se desarrollan en contextos más favorables. Esos siempre van a ser una minoría. La preocupación debe estar en todos; más aún en los que más lo necesitan.

Con la Reforma no se ha restringido la libertad de los padres a elegir la educación de sus hijos, por el contrario, se ha profundizado en ese derecho y ahora ellos cuentan con más información para hacerlo y en condiciones más justas. Pero vamos mucho más allá: hablar de libertad implica abordar las condiciones que se requieren para poder ejercerla, y es ahí donde esta Reforma está cambiando el panorama para que todas las familias, independientemente de su origen o condición social, tengan las mismas posibilidades de acceder a los proyectos educativos que más los representen. Para nosotros el desafío, por tanto, no es contar con un número acotado de buenos colegios, sino que seguir trabajando para todo el sistema parvulario y escolar, con foco en la calidad con equidad, y más ampliamente: en la construcción de un país más justo y solidario, donde nadie se quede atrás.

Carlos Henríquez C
Secretario Ejecutivo
Agencia de Calidad de la Educación

Columna original en La Segunda. Ver aquí.